Dentro de los principales temas abordados en esta cita mundial estuvieron la inestabilidad geopolítica, los eventos climáticos extremos y la transición energética, factores que están transformando la forma en que las empresas toman decisiones. En este contexto, el debate está pasando de los compromisos y anuncios a una nueva etapa en la que inversionistas y directorios ponen el foco en resultados concretos, métricas de avance y una mayor capacidad de resiliencia.
La transición energética está adquiriendo una nueva dimensión. Ya no se trata únicamente de responder a la crisis climática, sino también de enfrentar un escenario global marcado por la incertidumbre geopolítica, el aumento de los costos energéticos, la disrupción de las cadenas de suministro y una creciente exposición a fenómenos climáticos extremos.

Esa es una de las principales señales que Gonzalo Muñoz Abogabir, reconocido empresario, ambientalista y líder global en sustentabilidad y acción climática, recoge de su participación en la recién culminada Climate Week de Nueva York. A juicio del también miembro del directorio de Chapter Zero Chile, estos factores están acelerando la búsqueda de sistemas energéticos y productivos más resilientes y menos dependientes de los combustibles fósiles.
“Sin lugar a duda, en este mundo tan convulso se ha acelerado la transición energética”, señala. A su juicio, tanto los conflictos geopolíticos como fenómenos climáticos están generando presiones que obligan a las empresas a revisar sus modelos de operación y su exposición a riesgos.
El impacto, explica, no se limita solo al sector energético. La agricultura es otro ejemplo. Las alteraciones en la oferta y los costos de los fertilizantes han impulsado el desarrollo de bioinsumos y capacidades locales, mientras que los fenómenos climáticos están aumentando la necesidad de construir sistemas alimentarios más resilientes.
Para Muñoz, estos cambios deberían estar sobre la mesa de los directorios. La razón es que muchos de estos riesgos tienen una dimensión operacional y financiera que puede extenderse durante años. “Eso va directamente a la línea de entender la exposición de la empresa a riesgos que empiezan a aparecer y muchos de ellos con altas proyecciones de mantenerse en el tiempo”, afirma.
De la sustentabilidad a la resiliencia
Uno de los cambios que Muñoz identifica con mayor claridad es la transformación del lugar que ocupa la sustentabilidad dentro de las empresas. Durante años, la discusión estuvo centrada en la responsabilidad de las compañías frente a los desafíos ambientales y sociales. Hoy, esa lógica está evolucionando hacia una mirada mucho más vinculada con el negocio. “La temática ya deja de llamarse sustentabilidad, entendido como un deber moral de atender aquellas situaciones ambientales y sociales que ponen en riesgo la humanidad, y pasa a ser cada vez más una agenda que está totalmente vinculada a los riesgos operacionales”, plantea.
La eficiencia y la resiliencia pasan así a ocupar un lugar central. Para Muñoz, los directorios están comenzando a evaluar estos fenómenos desde una perspectiva más pragmática: cómo afectan la operación, cuánto cuestan y qué capacidad tiene una empresa para resistir distintos escenarios de disrupción.

En ese contexto, también cambia la conversación sobre las energías renovables y la electrificación. Si antes eran consideradas principalmente herramientas para enfrentar el cambio climático, ahora adquieren una dimensión adicional asociada a costos, seguridad energética y resiliencia.
“Se cambia el orden. Hoy tenemos que ser más resilientes, tenemos que operar con energías más baratas, más limpias, tenemos que funcionar con la mejor energía, así estamos ayudando a resolver la crisis climática”, resume.
Chile y la oportunidad de la transición
Para Chile, Muñoz identifica una serie de oportunidades asociadas a las transformaciones que están ocurriendo a nivel global. Entre ellas destaca las energías renovables, la minería y el papel de los minerales críticos necesarios para la transición energética. Pero también apunta hacia un ámbito que, a su juicio, está ganando cada vez mayor relevancia: la naturaleza y los servicios ecosistémicos.
La discusión sobre los océanos fue uno de los temas que adquirió fuerza durante la Climate Week. En particular, menciona el proceso relacionado con el acuerdo Biodiversity Beyond National Jurisdiction (BBNJ) y la posibilidad de que Chile sea anfitrión de una conferencia vinculada a esta materia dentro de Naciones Unidas.
Para Muñoz, la relevancia del océano refleja un cambio más amplio en la relación entre naturaleza y actividad económica. “Con todas sus virtudes y con todos sus desafíos, se ha presentado cada vez más como una temática en sí misma que ha ido adquiriendo muchísima fuerza”, explica.
Turismo, sistemas alimentarios, transporte y energía son algunos de los sectores cuya actividad depende directamente de los ecosistemas naturales. Por ello, sostiene, la discusión empresarial también debe incorporar cómo se financian sistemas que requieren una mirada de largo plazo. El desafío es particularmente relevante en un contexto en que las decisiones financieras y políticas muchas veces están sujetas a horizontes más cortos.
Menos anuncios y más resultados
Otro de los cambios que observa Muñoz está relacionado con la forma en que inversionistas y entidades financieras están evaluando el desempeño de las empresas. En materia de disclosure y reporting, señala que existe una evolución hacia mayores niveles de exigencia. La incorporación de estándares internacionales y marcos de divulgación está avanzando, mientras que las grandes corporaciones y entidades financieras enfrentan una presión creciente desde el mundo de las inversiones.
El foco ya no estaría solamente en si una empresa tiene compromisos climáticos, sino en cómo esos compromisos se traducen en decisiones concretas. “Quizás sin duda hay menos anuncios, menos declaraciones, menos compromisos, menos narrativa externa, pero la fase es más bien de qué es exactamente lo que están haciendo las empresas, cómo están avanzando en sus métricas, en su impacto”, afirma.
Los inversionistas, explica, están demandando información que permita evaluar la capacidad de las empresas para enfrentar distintos escenarios y shocks, incluidos aquellos de carácter ambiental, geopolítico y social. “Las empresas tienen que demostrar cómo sus cadenas de valor son cadenas que están pensadas en distintos escenarios para ser resistentes y resilientes”, señala. Ese cambio implica que la discusión sobre sustentabilidad comienza a acercarse cada vez más a la gestión tradicional de riesgos.
Tecnología y una nueva etapa
La inteligencia artificial, la robótica y la digitalización también están comenzando a jugar un papel relevante en esta transformación. Para Muñoz, las nuevas tecnologías pueden contribuir a mejorar la eficiencia de las compañías y, al mismo tiempo, avanzar en objetivos de sustentabilidad. En este escenario, la agenda climática y de naturaleza se encuentra con una agenda tecnológica y operacional.
La Climate Week muestra que el debate está entrando en una etapa diferente. El foco está menos puesto en los anuncios y más en la capacidad de las empresas para demostrar avances concretos, medir impactos y adoptar tecnologías que permitan transformar sus operaciones.
Para los directorios, como se impulsa desde Chapter Zero Chile, el mensaje es que estos temas ya no están confinados a las áreas de sustentabilidad. La transición energética, la naturaleza, las cadenas de suministro, la tecnología y los riesgos geopolíticos comienzan a converger en una misma discusión: la capacidad de una empresa para operar y generar valor en un entorno cada vez más incierto.
“La necesidad de avanzar, la necesidad de ya demostrar los resultados, identificar cuáles son las tecnologías, los mecanismos que permiten avance”, resume Muñoz, “eso es lo que el sistema está mirando hoy con mayor detención”.