Naturaleza, empresa y directorio: una relación desigual 

Por Montserrat Diosdado, directora ejecutiva de Chapter Zero Chile.

Durante décadas, la relación entre las empresas y la naturaleza ha estado marcada por una profunda asimetría: los negocios se han beneficiado de los recursos naturales como si fueran infinitos, mientras la degradación ambiental avanzaba silenciosamente. Hoy, esa lógica comienza a pasar la cuenta. 

El reciente informe de la Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES) es categórico: la biodiversidad no es un “tema ambiental” más, sino la columna vertebral de la economía global. Más de la mitad del PIB mundial depende, directa o indirectamente, del buen funcionamiento de los ecosistemas. Cuando estos se deterioran, no solo se erosiona el capital natural; también se compromete la estabilidad operativa, financiera y estratégica de las empresas. Estamos, por tanto, frente a un riesgo sistémico que ya no puede ser abordado como un asunto periférico de sostenibilidad. 

El diagnóstico es incómodo pero necesario: históricamente, muchas actividades empresariales han sido motores de degradación de la naturaleza. La novedad es que hoy existe una mayor claridad respecto de la magnitud del riesgo y, al mismo tiempo, sobre el tipo de transformaciones que se requieren. El informe plantea la necesidad de construir un “entorno habilitador” que combine regulaciones más exigentes, la eliminación de subsidios perjudiciales para el medio ambiente y una reforma del sistema financiero que deje de premiar la extracción insostenible y comience a recompensar activamente la conservación y el uso responsable de la naturaleza. 

En este nuevo escenario, el rol de los directorios adquiere una centralidad ineludible. No se trata solo de cumplir con nuevas exigencias regulatorias o de responder a presiones externas, sino de repensar cómo se define y gobierna la creación de valor en las organizaciones. Los directorios están llamados a fortalecer sus capacidades internas para comprender los riesgos y oportunidades asociados a la biodiversidad, elevando el liderazgo ambiental al nivel de la discusión estratégica. 

Esto implica, entre otras cosas, alinear los incentivos de la alta dirección con objetivos que trasciendan la rentabilidad de corto plazo, incorporando de manera explícita el impacto sobre la naturaleza y la sociedad. Supone también avanzar hacia modelos de gobernanza con mayor accountability, donde las empresas rindan cuentas no solo a los inversionistas, sino a un conjunto más amplio de grupos de interés que hoy demandan coherencia entre discurso, estrategia y acción. 

La integración de los riesgos, costos y oportunidades asociados a la biodiversidad en la planificación financiera y en la toma de decisiones corporativas es otro paso clave. No hacerlo equivale a operar con información incompleta en un contexto de alta incertidumbre. Del mismo modo, el compromiso activo con stakeholders internos y externos permite enriquecer la mirada del directorio, incorporar perspectivas diversas y fortalecer la calidad de las decisiones estratégicas. 

El mensaje de fondo es claro: los directores ya no pueden ser vistos únicamente como garantes del desempeño financiero. Su responsabilidad se amplía hacia la construcción de empresas que cuenten con la gobernanza, los recursos y la visión necesarios para operar dentro de los límites del planeta. En un mundo marcado por riesgos climáticos, de naturaleza y sociales cada vez más entrelazados, el liderazgo desde el directorio se vuelve una pieza crítica para transitar hacia modelos de desarrollo verdaderamente sostenibles. 

Por eso, desde Chapter Zero trabajamos para que las organizaciones integren la resiliencia del clima y la naturaleza en su toma de decisiones. Al promover la adopción de los Principios de Gobernanza Climática y de Naturaleza, buscamos dotar a los directores de un marco de actuación que les permita incorporar la resiliencia de la naturaleza en su estrategia corporativa. Estos principios no son una guía ética; son una guía práctica para que los directorios lideren la transición con la competencia y el rigor que los tiempos demandan.  

Reconocer la dependencia estructural de la economía respecto de la naturaleza no es un tema ideológico, sino una condición básica para la resiliencia de las empresas en el largo plazo. El desafío es grande, pero también lo es la oportunidad de redefinir el rol del directorio como un actor clave en la transición hacia una economía que no prospere a costa de los ecosistemas, sino en equilibrio con ellos.