Por Montserrat Diosdado, directora ejecutiva de Chapter Zero Chile
Durante años, el agua fue abordada por varias empresas como un asunto meramente ambiental o de sostenibilidad. Hoy esa mirada resulta insuficiente. En un contexto marcado por sequías prolongadas, eventos climáticos extremos y una creciente competencia por este recurso vital, la seguridad hídrica se ha convertido en una variable estratégica que puede determinar la continuidad operacional, el valor de los activos y, en último término, la viabilidad futura de una compañía.
Dada la relevancia del tema, este cambio exige una transformación en la forma en que los directorios entienden y gestionan el riesgo. Cuando la disponibilidad de agua deja de estar garantizada, ya no basta con medir el consumo o establecer metas de eficiencia. La pregunta relevante pasa a ser otra: ¿qué tan preparada está la empresa para operar y crear valor en un escenario de creciente incertidumbre hídrica?
La respuesta comienza por incorporar el agua dentro de la matriz de riesgos como un factor financiero material. Esto implica comprender cómo la disponibilidad del recurso puede afectar los costos, los procesos productivos, la cadena de suministro y las decisiones de inversión. También supone dejar de mirar el riesgo hídrico como un problema exclusivamente operacional y asumirlo como responsabilidad del directorio.
En la práctica, esto significa que decisiones de inversión como plantas desalinizadoras, sistemas de recirculación, almacenamiento o tecnologías de monitoreo pasen a evaluarse no como un nice to have, sino como infraestructura crítica para proteger la continuidad del negocio. La lógica cambia: invertir en resiliencia hídrica no es un costo adicional, sino la única forma de proteger el valor futuro de la compañía.
Lo mismo ocurre con las decisiones de expansión. Antes de aprobar un proyecto, el directorio debe preguntarse no solo si existe demanda, financiamiento o infraestructura disponible, sino también si habrá suficiente agua para sostener esa operación. Esto requiere incorporar análisis de escenarios, identificar posibles interrupciones del suministro y mapear la exposición de proveedores críticos.
Pero integrar el riesgo hídrico en la estrategia requiere algo más que incorporar nuevas variables en una matriz. Requiere información y seguimiento. Los directorios necesitan recibir reportes periódicos sobre exposición y desempeño hídrico, ya sea a través de comités especializados o directamente en sus sesiones, de modo que esta materia no quede relegada frente a las urgencias de corto plazo.
También requiere preparación para escenarios adversos. Los simulacros de crisis que involucren al directorio pueden revelar brechas que los análisis tradicionales no necesariamente identifican: ¿qué ocurre si se interrumpe el suministro?, ¿cuánto tiempo puede operar la compañía?, ¿qué proveedores están expuestos?, ¿qué decisiones deben tomarse y quién tiene la información para tomarlas?
Finalmente, existe una herramienta particularmente poderosa para cerrar la brecha entre la estrategia y la ejecución: los incentivos. Vincular parte de la remuneración variable de la alta gerencia a objetivos concretos de reducción, eficiencia o reutilización de agua permite transformar una prioridad del directorio en una responsabilidad operacional. Alinear los incentivos con los objetivos de largo plazo no es un detalle de gestión; es una de las formas más efectivas de asegurar que las decisiones de hoy sean coherentes con la resiliencia que la empresa necesitará mañana.
La seguridad hídrica obliga a ampliar la conversación sobre riesgos corporativos. El agua no es solo un recurso natural que las empresas deben utilizar de manera responsable. Para muchas organizaciones, es un insumo crítico cuya disponibilidad condiciona la producción, las inversiones, la cadena de suministro y su valor como compañía a largo plazo.
El desafío para los directorios es anticiparse a esa realidad. Porque cuando el agua se convierte en una restricción para operar, ya no estamos frente a un problema ambiental: estamos frente a un problema de supervivencia de negocio.