Contaminación del aire: un riesgo que los directorios no pueden ignorar

La contaminación del aire no solo representa una amenaza para la salud pública y el medioambiente, sino también un riesgo financiero y estratégico para las empresas. A nivel global, causa millones de muertes prematuras al año y genera un costo estimado de US$8,1 billones para la economía mundial, equivalente aproximadamente al 6% del PIB global. Sin embargo, una encuesta de Gallup y Lloyd’s Register Foundation reveló que el 47% de la población mundial no manifiesta preocupación por los efectos del aire que respira en su salud.

En Chile refleja, pese a posicionarse como el segundo país de la región con peor calidad del aire, un 37% de la población declara desinterés o falta de preocupación frente a este fenómeno. “Pareciera que hemos normalizado un proceso donde la repetición constante de episodios críticos, alertas y preemergencias diluye la percepción de peligro”, señala Montserrat Diosdado, directora ejecutiva de Chapter Zero Chile.

Esta falta de percepción también se relaciona con las brechas de información, ya que actualmente, el 36% de los países no cuenta con herramientas de monitoreo de la calidad del aire. Para Diosdado, esto representa un desafío para las empresas y, especialmente, para sus directorios. “Este sesgo representa un punto ciego que puede llevar a subestimar el impacto de la exposición acumulada en la salud de los colaboradores y en el capital social de la empresa”, advierte.

Frente a este escenario, las organizaciones deben avanzar hacia un monitoreo representativo y sostenido de la calidad del aire, considerando tanto sus operaciones como su cadena de valor, y asegurando la calidad e integridad de los datos. Pero medir no es suficiente. La información debe traducirse en decisiones y acciones concretas.

Para los miembros de un directorio, este sesgo representa un punto ciego que puede llevar a subestimar el impacto de la exposición acumulada en la salud de los colaboradores y en el capital social de la empresa. Ignorar esta realidad compromete no solo la ética corporativa, sino la viabilidad financiera y sostenibilidad a largo plazo.

Para los líderes empresariales, la respuesta comienza por garantizar un monitoreo representativo y sostenido que cierre las brechas de medición del impacto en la calidad del aire de sus operaciones, así como el impacto de su cadena de valor; velando por la integridad y calidad de la información, asegurando la adopción de protocolos validados y formatos que permitan la interoperabilidad de datos entre sectores y jurisdicciones.

“La medición rigurosa y la transparencia no son opcionales, sino imperativos de gobernanza para transformar una amenaza invisible en una ventaja competitiva y social”, plantea Diosdado. Incorporar la calidad del aire en la estrategia empresarial permite a los directorios no solo gestionar riesgos y proteger el valor de largo plazo, sino también contribuir a mejorar la calidad de vida de las comunidades que los rodean.