Cómo anticiparse al riesgo climático: la mirada de Alex Godoy tras los últimos eventos en Chile 

El reciente aluvión que afectó el sector de Quebrada Honda en la comuna de Las Condes reabrió con fuerza la discusión sobre la preparación de la infraestructura pública y privada ante la variabilidad climática extrema. Más allá del gatillante meteorológico, el evento ofreció una lección sobre la gobernanza del riesgo y la necesidad urgente de pasar de la reacción defensiva a la anticipación estratégica. 

En entrevista con el programa Hoy x Hoy de Radio Agricultura, Alex Godoy —director del CiSGER UDD, integrante del Comité de Cambio Climático del Gobierno de Chile y miembro del directorio de Chapter Zero Chile— profundizó en la cadena de factores que desencadenaron este desastre y en las implicaciones que este tipo de fenómenos tiene para la toma de decisiones empresariales. 

 
Uno de los puntos centrales analizados por el experto, es que el aluvión no debe leerse como un hecho aislado o fortuito, sino como el resultado de una cadena de factores preexistentes en el territorio: La megasequía prolongada altera la cobertura vegetal e incrementa los pastizales secos en la precordillera. A esto se le suma el impacto de incendios forestales previos, que destruyeron cerca de 1.000 hectáreas en la cuenca, eliminando la vegetación nativa y generando capas hidrofóbicas en el suelo. 

Sin vegetación ni trabajos oportunos de reforestación o contención, el suelo pierde su capacidad de absorción y filtración. Al registrarse precipitaciones intensas con una isoterma de 0 °C inusualmente alta, el agua escurre velozmente por las laderas arrastrando toneladas de barro, rocas y escombros. 

En este sentido, el especialista hizo hincapié en que se debe separar el fenómeno meteorológico de la gestión de la vulnerabilidad. La lluvia intensa constituye la amenaza natural; la magnitud de los daños materiales, el colapso de infraestructura y la interrupción de servicios reflejan la gestión del riesgo.  

“Sabiendo que se venían lluvias intensas, sabiendo que el incendio forestal producto del cambio climático había dejado zonas expuestas, sabiendo que esa lluvia podría generar aluviones, no se tomaron las medidas de contención (…) Decir que esto ocurrió y no lo teníamos medido, eso es falso. Sabíamos, teníamos los datos”, comentó. 

El también director de Chapter Zero Chile, subrayó en la conversación que la falta de adaptación destruye directamente la productividad del país y de las empresas, destacando que a nivel global las pérdidas acumuladas en seguros y activos dañados por amenazas climáticas superan el trillón de dólares.  

Para las empresas, la falta de preparación física se traduce en pérdida directa de capital, interrupción de la continuidad operativa, parálisis de cadenas de suministro, así como una caída en la productividad general. Reducir presupuestos de prevención no genera un ahorro real, sino que traslada costos severos a la reconstrucción y destruye valor corporativo. Frente a esta realidad, los directorios deben reevaluar cómo abordan la vulnerabilidad de sus activos, operaciones y modelos de negocio.  

En primer lugar, la gestión del riesgo no puede limitarse a los límites físicos de una instalación o al cumplimiento normativo mínimo. Exige comprender el entorno territorial y sistémico en el que opera la organización, mapeando dependencias críticas en infraestructura, logística y servicios básicos. En segundo lugar, los directores tienen la responsabilidad de impulsar una debida diligencia rigurosa, exigiendo a la administración la incorporación de escenarios climáticos prospectivos en sus evaluaciones ambientales, operativas y financieras.  

Y es que la verdadera preparación requiere actuar antes de que la crisis ocurra: destinar presupuesto a prevención, contar con planes de respaldo para no paralizar las operaciones y asegurar una buena protección financiera a través de seguros, garantizando así que la empresa siga funcionando a largo plazo. 

El diagnóstico es claro: Chile ha desarrollado capacidades de respuesta post-emergencia, pero aún enfrenta una brecha crítica en la prevención y la preparación. Para los directorios, integrar el clima y la naturaleza como activos críticos no es un ejercicio reputacional ni un anexo de sostenibilidad, sino un imperativo del deber fiduciario para resguardar la viabilidad y el valor de las organizaciones a largo plazo. 

“Hemos aprendido a manejar la reacción al desastre, pero no hemos aprendido a antelarnos al desastre. Eso no ha ocurrido”, enfatizó Alex Godoy 

Revisa la entrevista completa aquí: