La Presidencia de la COP31, que se celebrará en Antalya, Turquía, puso la ejecución en el centro de su agenda para inaugurar la segunda década del Acuerdo de París. En su Tercera Carta a las Partes, presentada por Turquía y Australia, definió diez prioridades estratégicas que buscan traducir los compromisos climáticos en proyectos, inversiones y resultados medibles.
El giro es relevante para las empresas y sus directorios. Tras años en que la agenda climática estuvo dominada por la definición de metas de largo plazo, la nueva etapa pone el foco en la capacidad de implementar, financiar y medir avances. Para la alta dirección, esto eleva la presión sobre decisiones vinculadas con activos, cadenas de suministro, energía, agua y acceso a capital.
La Agenda de Acción de la COP31 busca precisamente acelerar esa transición, articulando asociaciones público-privadas y movilizando financiamiento hacia soluciones que puedan escalar. Entre sus diez prioridades se encuentran:
- Transición Energética y Electrificación: Aumentar la participación de la electricidad al 35% del consumo final global (desde el 23% actual) para descarbonizar edificios, transporte e industria.
- Residuos Cero y Reducción de Metano: Reducir en al menos un 50% el aumento proyectado en la generación de residuos sólidos municipales, mitigando una de las fuentes más potentes de calentamiento a corto plazo.
- Ciudades Resilientes: Reducir la intensidad del uso de energía en edificios en un 25%, mitigando el riesgo de estrés en las redes eléctricas urbanas.
- Industrialización Verde: Elevar la tasa de uso de material circular al menos al 15%, priorizando sectores de difícil mitigación (hard-to-abate) para fortalecer la seguridad de suministro.
- Juventud y Educación: Garantizar educación sobre acción climática para todos, formando el capital humano necesario para la economía verde.
- Seguridad Alimentaria: Transición hacia una agricultura resiliente que integre el nexo clima-agua-alimento.
- Océanos y Mares: Fomento de la resiliencia costera y asociaciones para el mercado de carbono azul.
- Salud: Desarrollo de sistemas de salud resilientes y equitativos ante choques climáticos.
- Sinergias de Río: Cooperación integrada entre las convenciones de clima, biodiversidad y tierra para optimizar la inversión en soluciones basadas en la naturaleza.
- BRIDGE: Mecanismo de conexión entre la ambición nacional y la ejecución de proyectos.
En este contexto, BRIDGE es uno de los elementos centrales de la carta, este es un mecanismo diseñado para conectar la ambición climática de los países con proyectos concretos y potencialmente financiables. La iniciativa busca reducir las brechas de capacidad institucional, especialmente en economías en desarrollo, y transformar compromisos políticos en proyectos bancarizables.
Para el sector privado, el mecanismo apunta a reducir parte de la incertidumbre que históricamente ha dificultado la inversión en mercados emergentes, al conectar capital con proyectos respaldados por estructuras institucionales y de implementación.
Las diez prioridades también entregan señales concretas al mercado. La Presidencia plantea, entre otros objetivos, elevar al 35% la participación de la electricidad en el consumo final global, reducir al menos a la mitad el aumento proyectado de residuos sólidos municipales, disminuir en 25% la intensidad energética de los edificios y llevar el uso de materiales circulares al 15%.
La carta incorpora además la seguridad alimentaria, la resiliencia costera y los mercados de carbono azul, sistemas de salud preparados para los impactos climáticos y una mayor coordinación entre las agendas de clima, biodiversidad y degradación de tierras.
El mensaje para los directorios es directo: la sostenibilidad comienza a medirse menos por la ambición de las declaraciones y más por la capacidad de convertirlas en decisiones de negocio. En esta nueva etapa, la gestión del riesgo climático estará cada vez más vinculada con la resiliencia operativa, la asignación de capital y la competitividad.
Así, la COP31 busca posicionar la llamada “era de la ejecución” como una nueva fase de la acción climática. Para las empresas, la pregunta ya no será solo qué metas están dispuestas a asumir, sino qué proyectos, inversiones y decisiones están preparadas para ejecutar.