La transición climática corporativa entra en una nueva etapa. La Science Based Targets initiative (SBTi), principal referente mundial en la validación de objetivos climáticos empresariales, publicó la Versión 2.0 de su Estándar Corporativo de Cero Neto, la actualización más importante desde el lanzamiento del marco original en 2021.
La nueva versión recoge el aprendizaje acumulado tras una década de trabajo con más de 11.000 empresas que han definido objetivos climáticos alineados con la ciencia y marca un cambio de paradigma: el éxito ya no se medirá únicamente por la ambición de las metas, sino por la capacidad de las organizaciones para demostrar cómo están transformando sus operaciones y cadenas de valor para alcanzarlas.
La actualización entrará en vigor en febrero de 2027, mientras que el estándar actual permanecerá disponible hasta fines de ese mismo año para facilitar una transición gradual.
Del compromiso a la implementación
El cambio más significativo de la Versión 2.0 es que deja de concebirse principalmente como un sistema de fijación de objetivos y pasa a convertirse en un marco de acción. La iniciativa reconoce que muchas empresas enfrentan barreras reales para reducir sus emisiones, desde tecnologías aún inmaduras hasta limitaciones en sus cadenas de suministro o ciclos de inversión incompatibles con los plazos de descarbonización.
Bajo esta lógica, el nuevo estándar incorpora un enfoque basado en “mejores esfuerzos”, que exige a las compañías demostrar planes de implementación creíbles, transparencia respecto de los obstáculos encontrados y evidencia de las acciones desplegadas para superarlos.
Cambios para los directorios y la gestión corporativa
Uno de los aspectos más relevantes es que la nueva versión busca integrar la acción climática en las decisiones centrales del negocio. La reducción de emisiones deja de ser una tarea exclusiva de los equipos de sostenibilidad y pasa a involucrar directamente a directorios, gerencias financieras, áreas de operaciones, abastecimiento e inversión.
El estándar pone especial atención en decisiones relacionadas con asignación de capital, renovación de activos, adquisiciones, relación con proveedores y adopción tecnológica, reconociendo que son estas definiciones las que finalmente determinan la trayectoria de emisiones de una empresa.
Para los directorios, esto supone una ampliación de sus responsabilidades de supervisión, al requerir una mayor integración entre estrategia corporativa, gestión de riesgos y transición climática.
Nuevas exigencias para Alcance 1, 2 y 3
La actualización también introduce cambios técnicos relevantes. Las empresas serán clasificadas en distintas categorías según tamaño y ubicación geográfica, estableciendo obligaciones diferenciadas.
En Alcance 1 y 2 se mantienen las exigencias de reducción de emisiones directas e indirectas por consumo energético, pero se incorporan criterios más estrictos para la trazabilidad geográfica y temporal de la electricidad utilizada.
Respecto del Alcance 3 —históricamente el componente más complejo para las organizaciones— se amplían las alternativas para establecer objetivos, incluyendo metas de reducción absoluta, alineamiento con proveedores y clientes, y enfoques específicos para sectores intensivos en emisiones como acero, cemento, transporte y agricultura.
Prioridad a la reducción real de emisiones
Otra de las innovaciones centrales es la creación de una jerarquía de implementación que establece un principio claro: las empresas deben priorizar las reducciones directas de emisiones antes de recurrir a instrumentos de mercado.
Si bien mecanismos como certificados energéticos, esquemas de book-and-claim o contribuciones sectoriales seguirán siendo aceptados, estos pasan a desempeñar un rol complementario y no sustitutivo de la descarbonización operacional.
Con ello, SBTi busca responder a una de las principales críticas recibidas por los compromisos corporativos de cero neto: la excesiva dependencia de mecanismos indirectos para compensar emisiones sin transformar efectivamente las actividades que las generan.
El surgimiento de la responsabilidad por emisiones continuas
La Versión 2.0 incorpora además un nuevo Programa de Responsabilidad por Emisiones Continuas, diseñado para incentivar a las empresas a financiar acciones de mitigación verificadas mientras avanzan en la reducción de sus propias emisiones.
Inicialmente voluntario, el programa establece distintos niveles de reconocimiento y anticipa una exigencia creciente hacia 2035, cuando las grandes compañías deberán comenzar a respaldar parte de sus emisiones remanentes mediante remociones de carbono elegibles.
La señal es clara: el financiamiento climático y los mercados de carbono pasarán a desempeñar un papel cada vez más relevante, aunque siempre subordinado al principio de reducir primero y compensar después.
Una nueva etapa para la gobernanza climática
La publicación de esta actualización refleja la maduración del movimiento corporativo de cero neto. Más que validar compromisos, SBTi busca transformarse en un socio de transición que acompañe a las empresas en la implementación efectiva de sus planes climáticos.
Para las organizaciones que ya cuentan con objetivos aprobados, el desafío inmediato será revisar cómo sus estrategias al 2030 y 2035 se alinean con las nuevas exigencias. Para los directorios, en tanto, la señal es inequívoca: la acción climática deja de ser un ámbito periférico y se consolida como una dimensión estratégica del gobierno corporativo, estrechamente vinculada con la asignación de recursos, la gestión de riesgos y la competitividad de largo plazo.
En un contexto donde las regulaciones climáticas avanzan rápidamente en Europa, Reino Unido, Australia y otras jurisdicciones, el nuevo estándar refuerza una tendencia de fondo: establecer metas climáticas basadas en ciencia ya no es un factor diferenciador, sino una expectativa cada vez más básica para las grandes empresas.
En última instancia, la Versión 2.0 de SBTi refleja una realidad que los directorios más avanzados ya han comenzado a asumir: la transición climática es, ante todo, un desafío de gobernanza. Las metas siguen siendo importantes, pero la capacidad de convertirlas en decisiones concretas de inversión, operación y transformación empresarial será el verdadero indicador de liderazgo.
En ese sentido, el nuevo estándar converge con la visión promovida por Chapter Zero, que sitúa al directorio como el principal articulador entre sostenibilidad, estrategia y creación de valor de largo plazo. En una economía cada vez más expuesta a riesgos climáticos, regulatorios y tecnológicos, la pregunta ya no es si los directorios deben involucrarse en la transición, sino cómo liderarla de manera efectiva.