Bruno Sbardellini Cossi, es director de Gobierno Corporativo de BID Invest —el brazo de inversión en el sector privado del Banco Interamericano de Desarrollo—, ha dedicado la última década a fortalecer marcos de gobernanza que conectan sostenibilidad con creación de valor. Desde su rol, lidera conversaciones sobre cómo los directorios pueden —y deben— integrar riesgos y oportunidades sostenibles en el corazón de la estrategia.
Esta entrevista se realiza en el contexto del Sustainability Week 2026, que se llevará a cabo entre el 26 y 28 de mayo en Barbados, uno de los principales encuentros de la región para movilizar inversión privada hacia proyectos sostenibles y resilientes. En ese marco, Sbardellini Cossi plantea una idea central: la sostenibilidad ya no es narrativa, es balance.
- Desde tu experiencia, ¿cómo está evolucionando el rol de los directorios frente a los desafíos de sostenibilidad y qué tanto ha permeado esta agenda en la región?
El cambio más importante es que la sostenibilidad dejó de ser una conversación periférica, algo que se delegaba a una gerencia técnica o al área de asuntos corporativos, para entrar al corazón del mandato del directorio. Hoy, un directorio comprometido no la aborda como un capítulo aparte, sino cuando define estrategia, aprueba inversiones, revisa riesgos materiales y analiza la creación de valor de largo plazo.
En América Latina y el Caribe, esa agenda ha permeado, pero de forma desigual. Hay compañías que ya entendieron que variables como clima, naturaleza, cadena de suministro o licencia social inciden directamente en el costo de capital y el acceso a mercados. Otras siguen refugiándose en el reporte, como si la divulgación sustituyera la toma de decisiones. Y un tercer grupo aún no reconoce la sostenibilidad como un factor material.
Ahí está el verdadero punto de inflexión, el directorio del futuro será el que mejor anticipe. El que se haga preguntas antes que el mercado o el regulador. ¿Dónde está nuestra vulnerabilidad?, ¿Qué activos pueden perder valor?, ¿Qué capacidades necesitamos para adaptarnos?, ¿Qué señales estamos ignorando?
- ¿En qué momento la sostenibilidad deja de ser un tema reputacional y se convierte en un pilar financiero? ¿Podrías darnos un ejemplo concreto?
Se convierte en un pilar financiero cuando empieza a afectar variables tangibles como ingresos, costos, permisos, financiamiento o valuación. En ese momento deja de ser relato y pasa a ser balance.
Un ejemplo claro, especialmente en el agro, es el de empresas que han perdido contratos o acceso a mercados por no cumplir con estándares de trazabilidad. Lo que comenzó como un tema ambiental terminó impactando directamente ingresos y relaciones comerciales.
La lección es exigente: si una empresa trata la sostenibilidad como un asunto secundario, puede descubrir demasiado tarde que su principal riesgo no estaba en la operación, sino en la viabilidad misma del negocio.
- Muchos ven estos temas como algo declarativo. ¿Qué distingue a un directorio que realmente integra la sostenibilidad de uno que solo cumple?
La diferencia se nota en tres planos:
Primero, en las preguntas. Un directorio orientado al cumplimiento se enfoca en qué reportar; uno estratégico cuestiona qué riesgos pueden materializarse y qué decisiones deben tomarse hoy.
Segundo, en la arquitectura de gobierno. Cuando la sostenibilidad está integrada, aparece en la estrategia, en los mapas de riesgo, en la asignación de capital y en los incentivos de la alta gerencia. No vive como un anexo de compliance, ni como una presentación bonita que se hace una vez al año.
Tercero, en la ejecución. Un buen directorio no se conforma con metas aspiracionales, exige métricas, hitos y responsables claros. Entiende que decisiones sobre agua, biodiversidad o transición energética pueden redefinir la competitividad.
En síntesis: uno gestiona la narrativa; el otro gestiona el negocio.
- Latinoamérica tiene grandes oportunidades para liderar en sostenibilidad. ¿Cómo se conecta esta oportunidad con la agenda del próximo Sustainability Week en Barbados?
La pregunta ya no es si la región tiene atributos para liderar, sino si puede convertirlos en proyectos bancables.
América Latina y el Caribe cuentan con capital natural, potencial energético y capacidad agroindustrial. Pero eso no genera valor por sí solo. Hace falta estructuración, mitigación de riesgos, mejores marcos de gobernanza y vehículos que conecten oferta de proyectos con demanda de inversión. Ese es el foco de Sustainability Week 2026: movilizar inversión privada hacia proyectos resilientes. La conversación no es aspiracional, es de ejecución: cómo estructurar, cómo reducir riesgos, cómo escalar.
Los cinco ejes temáticos incluyen adaptación y resiliencia; finanzas sostenibles y movilización de capital; naturaleza, océanos y economía azul; impacto social y desarrollo sostenible; y entornos propicios, gobernanza e innovación. Es decir, no se trata de discutir sostenibilidad en abstracto, sino de alinear condiciones habilitantes para que la sostenibilidad se convierta en inversión.
- ¿Cuál es el mensaje principal que BID Invest busca transmitir a los directores sobre la gestión de riesgos de naturaleza?
Que el riesgo de naturaleza no es un tema ambiental especializado; es un riesgo empresarial de primera línea. La biodiversidad, el agua o los servicios ecosistémicos ya no pueden tratarse como telón de fondo. Hoy afectan continuidad operativa, cadenas de suministro, financiamiento y valor.
Por eso, el mensaje es claro: gobiernen este tema como cualquier riesgo material del negocio. Identifiquen dependencias críticas, cuestionen supuestos operativos y anticipen inversiones de resiliencia.
No se trata de prestar atención, sino de tomar decisiones.