Informe de la Organización Meteorológica Mundial evidencia que el planeta registra mayor desequilibrio energético

El sistema climático de la Tierra ha entrado en una fase de desequilibrio sin precedentes en la historia observada. Así lo confirma el último informe sobre el estado del clima mundial de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), que advierte que la acumulación de gases de efecto invernadero está empujando al planeta a una nueva realidad térmica, con impactos que se extenderán durante siglos, e incluso milenios.

El documento, publicado en el marco del Día Meteorológico Mundial —celebrado el 23 de marzo—bajo el lema “Observar hoy para proteger el mañana”, establece que el período 2015-2025 ha sido el más cálido jamás registrado. En ese contexto, 2025 se posiciona como el segundo o tercer año más caluroso desde que existen mediciones, con una temperatura media global cercana a 1,43 °C por sobre los niveles preindustriales.

Pero más allá de los récords de temperatura, el informe introduce una señal aún más inquietante: el desequilibrio energético de la Tierra —la diferencia entre la energía que entra al sistema desde el sol y la que se libera al espacio— ha alcanzado su nivel más alto en al menos 65 años. Este indicador, incorporado por primera vez como métrica clave, refleja la magnitud del calentamiento acumulado y su persistencia en el tiempo.

De esta manera, el secretario general de la ONU, António Guterres comentó que “el estado del clima mundial es de emergencia. El planeta está siendo llevado al límite”, agregando que “cuando la historia se repite once veces, ya no es coincidencia. Es una llamada a la acción”.

El océano: amortiguador y víctima

El informe revela que más del 91% del exceso de calor generado por el cambio climático se almacena en los océanos. Durante las últimas dos décadas, estos han absorbido anualmente el equivalente a unas 18 veces el consumo energético global de la humanidad, consolidándose como el principal amortiguador del calentamiento.

Sin embargo, este rol tiene costos crecientes. El contenido de calor oceánico alcanzó un nuevo máximo histórico en 2025, y su tasa de calentamiento se ha más que duplicado desde mediados del siglo XX. Cerca del 90% de la superficie oceánica experimentó al menos una ola de calor marina durante el último año.

Las consecuencias son profundas: degradación de ecosistemas, pérdida de biodiversidad, debilitamiento del rol del océano como sumidero de carbono y una mayor intensidad de tormentas tropicales. A ello se suma la acidificación, ya que cerca del 29% del dióxido de carbono emitido por actividades humanas es absorbido por el mar, reduciendo su pH a niveles sin precedentes en al menos 26.000 años.

Hielo en retroceso y mares en ascenso

El calentamiento global continúa acelerando la pérdida de hielo en el planeta. En 2025, la extensión del hielo marino ártico alcanzó mínimos históricos o cercanos a ellos, mientras que en la Antártida se registró el tercer nivel más bajo desde que existen datos satelitales.

Los glaciares también mantienen una tendencia sostenida de retroceso, con ocho de los diez años de mayor pérdida de masa concentrados desde 2016. Este fenómeno, junto con la expansión térmica de los océanos, está impulsando el aumento del nivel del mar, que hoy se sitúa unos 11 centímetros por encima de los niveles de 1993, con una tasa de crecimiento cada vez más acelerada.

Según el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático, estos procesos son, en gran medida, irreversibles en escalas de siglos a milenios.

Eventos extremos y presión sistémica

El impacto del calentamiento no es abstracto. En 2025, olas de calor, incendios forestales, sequías, ciclones e inundaciones provocaron miles de muertes, afectaron a millones de personas y generaron pérdidas económicas por miles de millones de dólares.

Estos eventos no solo generan daños inmediatos, sino que también desencadenan efectos en cadena: inseguridad alimentaria, desplazamientos forzados y tensiones sociales. Organismos internacionales advierten que el clima se ha convertido en un factor estructural de riesgo para la estabilidad global.

Salud en riesgo en un mundo más cálido

El informe también subraya el creciente vínculo entre clima y salud. El aumento de las temperaturas y la alteración de los patrones de precipitación están expandiendo enfermedades como el dengue, hoy la patología transmitida por mosquitos de más rápido crecimiento a nivel mundial.

Al mismo tiempo, el estrés térmico emerge como una amenaza crítica para la fuerza laboral. Más de un tercio de los trabajadores del mundo —unos 1.200 millones de personas— está expuesto a riesgos por calor extremo, con impactos tanto en la salud como en la productividad.

Pese a ello, solo cerca de la mitad de los países cuenta con sistemas de alerta temprana para olas de calor adaptados al sector salud, lo que evidencia una brecha significativa en la capacidad de respuesta.

Una ventana que se estrecha

La secretaria general de la OMM, Celeste Saulo, fue categórica: “Las actividades humanas están alterando cada vez más el equilibrio natural y viviremos con estas consecuencias durante cientos y miles de años”.

El mensaje del informe es claro: el cambio climático ha dejado de ser una proyección futura para convertirse en una realidad presente, medible y acumulativa. Y aunque los océanos han amortiguado gran parte del impacto, su capacidad no es infinita.

En palabras de Guterres, el informe debería incluir una advertencia explícita: “El caos climático se acelera y la demora es fatal”.

La evidencia científica, cada vez más robusta, no solo describe el problema. También redefine el margen de acción. Observamos hoy —como plantea el lema— no solo para entender el clima, sino para decidir qué futuro aún es posible proteger.

En este contexto, Chapter Zero Chile advierte  que el deterioro de los indicadores climáticos no solo es un desafío ambiental, sino también un riesgo estratégico para las empresas y los directorios. La organización —que promueve la incorporación del cambio climático en la gobernanza corporativa— sostiene que el nuevo escenario exige pasar de la concienciación a la acción, integrando variables climáticas en la toma de decisiones, la gestión de riesgos y la planificación de largo plazo.

Para Montserrat Diosdado, directora ejecutiva de Chapter Zero Chile, “el informe de la OMM refuerza la urgencia de que las empresas asuman un rol activo en la transición hacia economías resilientes, entendiendo que la inacción no solo compromete la sostenibilidad del planeta, sino también la viabilidad de los negocios”, sostiene.